8 de julio de 2019

¿Cuál es el alcance de la moral de un animal?

La española Susana Monsó y la alemana Judith Benz-Schwarzburg, filósofas en el Instituto de Investigación Messerli de la Universidad de Veterinaria de Viena, llevan a cabo en estos momentos un interesante y revolucionario experimento que podría abrir grandes frentes de debate. Sobre todo en material de derechos animales. Desde el pasado septiembre, desarrollan un proyecto único en su campo que se centra en determinar y valorar la moralidad en algunas especies animales.

Especies, por ejemplo, ajenas a primates o elefantes (sujetos habituales de este tipo de estudios), en los que ya se han observado emociones como la empatía, la compasión o el dolor por la perdida de un ser querido. En el caso de los perros, un reciente experimento resulta revelador. Primero, se practica un ejercicio en solitario: se les pide a Todor (un macho) y Guinness (una hembra), que «den la patita». A Todor se le recompensa. A Guinness, no. No se aprecian diferencias en el comportamiento de ambos, pero en el momento en que se les junta y Guinness es capaz de ver lo que ocurre, la cosa cambia.

Todor sigue dando la pata tantas veces como se requiere tras ganarse su premio. Pero Guinness, después de cuatro patitas seguidas, desiste. Esto podría demostrar que la perra ha manifestado cierta «aversión a la desigualdad» y que ha sido capaz de percibir la «injusticia» de su situación. Cualidad que se sumaría a otras capacidades «proto morales» descubiertas en animales, como el altruismo.

Puede que las formas de ser morales de los animales no sean tan variadas como las del ser humano, pero esta clase de conclusiones son importantes a la hora de educarnos en una incorrecta «antropomorfización» de los mismos. Según las expertas, «tendemos a centrarnos en los primates porque evolutivamente son los que tenemos más cerca, pero sería otra manera de ser arrogantes considerar solo a los que se parecen más a nosotros (…) Solemos rebajar las capacidades de aquellos animales que (por ejemplo) nos queremos comer. Si la gente califica al cerdo como comestible, también lo sitúa muy abajo en sus capacidades cognitivas y emocionales. Y en el caso de los perros, se hace lo contrario».

De los cerdos ya se ha constatado una inteligencia similar a la de los perros, pero Susana y Judith también señalan sus capacidades sociales y su personalidad diferenciada, «cuando decimos ‘cerdos’, pensamos en una granja industrial. Pensamos que es el mismo ‘objeto’ producido en serie. Y no lo son. Cada cerdo tiene una personalidad. Algunos son más cariñosos, otros son más valientes, otros tienen más carácter».

Se plantea así una intrincada cuestión: ¿la visibilidad de la moral en animales generaría en los seres humanos obligaciones éticas específicas hacia ellos? Para estas dos filósofas, la respuesta a esta pregunta es afirmativa y en los próximos 3 años su plan es corroborar sus convicciones a través de su propia investigación y los experimentos de otros científicos dentro del instituto y de centros externos.

Ya se habla incluso de «personas no humanas» en el caso de animales con un sentido de la moral significativamente desarrollado. Y, aunque aún es pronto para hablar de consecuencias inmediatas, estos últimos hallazgos ya ponen sobre la mesa un mayor nivel de protección para estos «animales morales» más allá de asegurar su bienestar y la ausencia total de crueldad, abordando un ampliación real y considerable de sus derechos. ¿Supondrá esto una radical reinterpretación de las relaciones entre seres humanos y animales a largo plazo?

Fuente: EFE

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