6 de agosto de 2019

Se resuelve un asesinato… de 33.000 años de antigüedad

Parece que los peores instintos del ser humano no se hicieron de rogar y ya estaban presentes en nuestros más lejanos antepasados. Y es que, desde la universidad alemana de Tubinga, un equipo científico habría confirmado que uno de los individuos europeos modernos más antiguos murió asesinado brutalmente por un semejante hace más de 30.000 años.

La prueba del delito es el cráneo de un hombre encontrado al sur de Transilvania, actual Rumanía, en el año 1941. Apareció entre fósiles de osos y restos de herramientas de piedra paleolíticas en mitad de una extracción de fosfato en la cueva de Cioclovina, y con 33.000 años de edad, ha resultado esclarecedor a la hora de resolver alguna que otra incógnita a nivel antropológico y social.

La ahora reconocida como víctima, pereció en lo que se describe como “un acto de violencia interpersonal con una evidencia indiscutible”, y perteneció al periodo del Paleolítico superior, caracterizado por la innovación tecnológica, la complejidad cultural y el aumento del llamado “comportamiento simbólico”.

Las conclusiones del estudio se basan en una tomografía computerizada (TC), el análisis experimental de traumas y una interpretación forense del cráneo del sujeto, que presenta lesiones en forma de dos cicatrices y una fractura que se habían diagnosticado postmortem erróneamente. También se especula con que esta persona pudo morir de rodillas en un enfrentamiento directo tras un fuerte impacto en el cabeza propinado con la mano izquierda.

Katerina Harvati, del Centro Senckenberg para la Evolución Humana y el Medio Ambiente Humano de la Universidad de Tubinga explica que “tanto nuestro análisis forense de traumatismo óseo como los modelos experimentales muestran que las fracturas son el resultado de dos sucesos de fuerza contundente, la segunda claramente con un objeto parecido a un palo”.

Así, la gravedad de las lesiones apuntaría a un golpe fatal sin signos de curación. “Nuestros resultados muestran que el comportamiento de los primeros europeos modernos incluía conflictos violentos e incluso asesinatos”, añade Harvati. ¿Hemos evolucionado? Este suceso nos da una respuesta tanto afirmativa como negativa. ¿Nos vestimos diferente, nuestras civilizaciones y nuestra tecnología son más avanzada y nuestro vocabulario más variado? Sí. ¿Seguimos matando por placer? También. ¿Qué opinión te merece a ti este hallazgo?

Fuente: EFE

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